A nuestro querido Rogelio Cruz Salvador, asesinado por unos “extraños” - Crónica de Oaxaca

A nuestro querido Rogelio Cruz Salvador, asesinado por unos “extraños”

*Dra. Emiliana Cruz Cruz

Ese día mi madre llegó,
sintió mi dolor y se desmayó,
ahora sufro el llanto de mi hijo
como mi madre sufrió el mío (Renato Rosaldo, 2014)

El viernes 7 de abril del presente año, mi querido primo Rogelio fue asesinado por unos “extraños” cuando viajaba de Juquila a Cieneguilla. Tenía sólo 39 años de edad. Con este texto recuerdo al familiar y al hombre que murió con sueños pendientes para engrandecer a su comunidad. Al que contribuyó para hacer letreros en su lengua materna, el chatino. El primero que hicimos fue “Bienvenidos a Cieneguilla”. Queríamos poner letreros en chatino por todos lados, nos quedó pendiente ponerlos en las áreas ceremoniales…
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Rogelio nació en Cieneguilla, San Juan Quiahije. Desde muy joven se fue a trabajar a la ciudad de Oaxaca para aprender español e ir a la escuela. Muchas familias con bajos recursos que desean que sus hijos tengan oportunidades así lo hacen.

FOTO: Rogelio Cruz Salvador, primero de izquierda a derecha.
Nosotros vivíamos en la ciudad de Oaxaca. Un día mi padre me dijo, vamos a que conozcas a tu primo Rogelio, trabaja en una zapatería en el mercado Benito Juárez. Éramos niños cuando nos conocimos, él tendría como 9 y yo trece años. Él atendía el puesto de zapatos solo. Cuando llegamos al puesto, Rogelio recibió a mi padre con una sonrisa. No nos quedamos mucho tiempo, ellos platicaron un poco, mi papá le preguntó cómo estaba y si estaba yendo a la escuela. Nunca nos presentó, solo asumimos que éramos primos.
Después de saber que yo tenía un primo en el mercado, siempre pasaba para saludarlo. Él terminó la secundaria y trabajaba. Los dos seguimos con nuestras vidas y perdimos contacto. Después de unos años vino a la casa a presentarnos a su novia Silvia Canseco. Recuerdo a los dos, estaban enamorados, eran muy jóvenes. La recuerdo mucho a ella, tenía esa belleza de las mujeres de Nopala, difícil de describirla, pero seguro las de Nopala sabrán a qué me refiero.
Ellos se habían conocido en el trabajo. Ella era empleada doméstica y él atendía el puesto de zapatos. Silvia se esmeró mucho en su arreglo para venir a conocernos, traía un vestido liso rosa, el pelo suelto y tenía puestos dos pasadores, pero dejó colgado un chinito (ondulado) al frente. Rogelio igual, se vistió muy bien. Los dos eran una pareja muy bonita, muy joven. Ella era callada o a lo mejor nosotras no la dejamos platicar, mis hermanas y yo no dejábamos de hablar, estábamos emocionadas de conocerla y de que él viniera a visitarnos.
Para ser honesta, yo siendo un poco mas grande de edad y un poco puritana pensé, espero no haberles dicho, pero recuerdo muy bien mis ideas conservadoras en ese momento “son muy jóvenes, mejor terminen sus estudios y luego se casan”, pero ¿quién me decía eso a mí? Claro, ellos no me hicieron caso, se casaron y tuvieron tres hijas: América que ahora tiene 17, Xóchitl 11 y Nadia 7.
Pasó el tiempo y perdí contacto con Rogelio. Yo hice mi vida y él la suya. Supe que andaba en Estados Unidos, en Durham, Carolina del Norte para ser mas concreta. Lo supe porque mi hermana Yolanda hizo un video de los migrantes mixtecos y chatinos. Y cuando vi el video me inspiró mucho ver a Rogelio hablar sobre la situación de los migrantes en Estados Unidos, además intelectualizaba y entendía muy bien la tensión entre los afroamericanos y los chatinos. Decía que los afroamericanos eran discriminados por los blancos, entonces los chatinos veían ese trato, luego los afroamericanos sentían que los chatinos les quitaban sus trabajos y discriminaban a los chatinos, así que la relación no era muy amigable entre estos dos grupos en Durham.
Estaba trabajando para crear proyectos para la comunidad. Uno de ellos fue sembrar árboles en el pueblo. Su visión era trabajar desde Estados Unidos para el pueblo. Rogelio en el video me recordó a mi padre, ese líder que no descansó y trabajó por su pueblo hasta el último día de su vida.
Rogelio decidió regresar a su pueblo, puesto que tenía a su familia, sobre todo a su esposa Silvia, esa mujer bonita que cuelga un chinito en su frente; cualquiera regresaría para ver la sonrisa de una mujer de Nopala, seguro eso pensaba Rogelio y regresó.
Algo que le admiro mucho a Rogelio es su capacidad lingüística. Él desde muy joven se fue del pueblo, es mas, cuando lo veía en Oaxaca sólo me hablaba en español porque ya le costaba pronunciar las palabras en chatino, pues no tenía con quien hablarlo. Después de vivir un rato en Cieneguilla el chatino volvió. Después de eso la lengua de comunicación entre nosotros fue en chatino. Nosotros de adultos nos llevamos muy bien. Siempre hablamos de proyectos, sobre todo a él le gustaba mucho que yo hubiera desarrollado la ortografía para la lengua.
Rogelio se comunicaba con instituciones, quería lo mejor para su pueblo. Recuerdo que siempre me mandaba frases para traducir en chatino. Una vez me dijo que tradujera esta frase “Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas”. Yo lo hice, le di varias versiones, pero en todas, la representación de los tonos era con números, por ejemplo yja4 (tortilla), el numero 4 es el tono bajo. Él muy orgulloso de su prima llegó con los del instituto y le dijeron “no hay lengua con números, eso no sirve”, cuando me contó yo me reí mucho, no discutiré acá por qué la risa, sólo le dije, esos no saben de lo que hablan, el chatino no es como el español, el chatino tiene tonos, pero un día de estos haré un sistema que no contenga números, pero los tonos se deben de representar.
Un día en el pueblo me lo encontré en una comida, le dije “ya tengo otra forma de representar los tonos, a ver si les gusta a los del instituto”. El se rió mucho y con felicidad me dijo “Muy bien, pásamelo en cuanto antes”. Aunque en alguna ocasión ya habíamos hecho un pódium con frases en chatino y los tonos estaban representados con números. Como ya escribía yo los tonos con letras, entonces nos pusimos a hacer letreros en el pueblo, el primero que hicimos fue “bienvenidos a Cieneguilla”, pero en chatino. Luego soñamos más. Queríamos poner letreros en chatino por todos lados, nos quedamos en poner letreros en las áreas ceremoniales.
El pasado viernes 7, mi querido primo Rogelio fue asesinado por unos “extraños” cuando viajaba de Juquila a Cieneguilla. Él solo tenía 39 años de edad.
Rogelio y yo compartimos muchas historias los últimos años. Él compró un taxi con el que hacía viajes para mantener a su familia. En Cieneguilla muchos hombres se van al norte, con eso ganan dinero y se construyen su casa, ponen una tienda o hacen algún negocio. Una vez mi abuelo llegó con un perro en una bolsa, en chatino se les llama a los cachorritos minyqJ, al cual le puse ndaA tnoA (frijolona). Rogelio me transportaba a mí y a ndaA tnoA. A él le gustaban los perros, él tenía uno al que le gustaba comer moscas. Entre esos viajes platicábamos y me contaba sus sueños, sobre todo le gustaba hablar de sus hijas.
Por cierto, debo decir que Rogelio hubiera sido un buen abuelo. La manera amorosa como platicaba de sus hijas y con ellas. El trato que les daba, los sueños que tenía, la manera como pensaba de las mujeres, todo eso me hace pensar que cuando fuera viejo y hubiera cumplido sus anhelos para su comunidad, tendría tiempo para dedicarse a sus nietos o nietas, pero la vida no le dio la oportunidad.
Con la muerte de Rogelio, no sólo me quitan a un primo, nos quitan a todos, nos quitan a un líder, a un padre, hermano, esposo. En lo personal me quitan el gusto de regresar al pueblo para ver a mi familia, porque él era mi familia. Rogelio yo estábamos trabajando en el proyecto de cultura y el era el encargado, teníamos planes de talleres de chatino, nos faltaban muchos letreros por poner en el pueblo. Además, el estaba a cargo del proyecto de Programa de Empleo Temporal y estaba por empezar un proyecto de vivienda en el población de Cieneguilla.
Regresando al tema de la pareja joven. Silvia y Rogelio se casaron jóvenes, a lo mejor así tenía que ser, a lo mejor él lo quiso así para poder ver a sus hijas crecer y estar casado mucho tiempo con esa mujer bonita de Nopala. No me puedo imaginar qué han de estar sintiendo Silvia, América, Xóchitl y Nadia, pero han de estar sufriendo mucho, lo entiendo porque cuando asesinaron a mi padre, me sentía perdida, sin fuerzas, entiendo y siento mucho, mucho que alguien sea capaz de lastimarlas de esta forma. Uno no tiene hijos para que alguien más tenga el derecho de quitarles la vida. Me imagino qué triste ha de estar mi tío Pedro Cruz, ese tío al que asesinaron a todos sus hermanos, incluyendo a su padre y a su hermano Tomás Cruz, quien fue mi padre. Cuánto ha de sufrir mi tía Anastacia Salvador esa mujer que trabaja tanto por sus hijos, ella que recientemente estaba enferma, esa mujer que vio a sus hijos irse “Al Norte”, esa que vio a sus hijos irse a la ciudad a aprender español porque ellos no podían darle estudios.
América, Xóchitl y Nadia, yo las conocí a ustedes por medio de su padre, él me contaba mucho de ustedes. Su padre las quería mucho y eso lo deben de tener muy presente. Me decía que les gustaba la escuela y estaba muy orgulloso de ustedes. Para él, la educación es muy importante, ojalá ustedes le sigan encontrando el gusto a aprender.
Les contaré algo que le admiré mucho. Una vez platicando desde Cieneguilla a Juquila me platicó sobre su decisión de no irse al Norte. “Si yo me voy al norte gano dinero, puedo hacerme mi casa, pero yo no vería a mis hijas crecer y cuando yo regrese seré un extraño, mejor me quedo para ver a mis hijas, y busco formas de sobrevivir”. Yo admiré eso, pienso en esa frase desde el día en que me lo dijo. No digo que los padres que dejan a sus hijos no sean buenos, solo que admiré su posición. Gracias a eso América, Xóchitl y Nadia tuvieron tiempo con el. Fueron a fiestas, a bailes, pasearon en coche. Silvia, ahora entiendo por qué se casaron jóvenes, tenían que vivir juntos lo más que pudieran y esa felicidad nadie te la va a quitar, el amor no se quita con ninguna bala, Silvia, ese amor es tuyo y de Rogelio.
La migración es algo complicado, irse de tu lugar de origen a Estados Unidos es dejar a su pueblo, a su familia. Quedarse en el pueblo es vivir la violencia, entonces cuál es el mejor lugar? No lo sabemos y nunca lo sabremos, pero Rogelio decidió quedarse con su familia.
Me imagino a Rogelio despidiéndose de nosotros. En el camino de los muertos hay una parada en donde el difunto voltea y ve por última vez a su pueblo. Quiero pensar que volteó para vernos e imaginarnos una vez mas, ojalá haya sentido cuánto lo queremos y lo extrañamos.
El lugar de los muertos se llama saA tyqinA, antes de llegar tiene que bailar para seguir el camino y llegar a descansar en su destino final. Ojalá Rogelio haya bailado unas chilenas y cumbias porque eso le gustaba bailar.
¿Cómo dormir?,
¿Cómo comer?,
¿Cómo tener una conversación ante algo de esta magnitud?
¿Cómo se repone uno de algo así? Claro, los humanos podemos olvidar el dolor, con el tiempo el dolor se olvidará, pero Rogelio nunca se nos olvidará.
Rogelio fue de esos que luchó por su pueblo, fue un buen padre, un buen esposo y un buen primo.
En esto perdemos todos, llegará el verano y la lluvia le dará agua a los árboles que se sembraron con el esfuerzo de Rogelio, esos árboles crecerán y le darán sombra a las nuevas generaciones.
*Emiliana Cruz Cruz, doctora en Antropología Lingüística. Universidad de Massachusetts.

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