Biorremediación: tratamiento para océanos enfermos

Nistela Villaseñor

México, DF.- Cuando a una persona le detectan una enfermedad, su médico trata de estabilizarla. En el caso de los océanos, los especialistas emplean la reconstrucción del hábitat natural en un ambiente costero que fue alterado por una perturbación mecánica o química; a ese proceso se le llama biorremediación.
Luis Arturo Soto González, doctor en Oceanografía Biológica por la Rosenstiel School of Marine and Atmospheric Science de la Universidad de Miami, y miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), conversó con la Agencia Informativa Conacyt acerca de esta estrategia.

El experto en biología de los océanos dijo que pese a que en las últimas cinco o seis décadas los trabajos de los oceanógrafos han estado concentrados en las superficies marinas, afortunadamente ya existen herramientas y tecnología sofisticada para capturar información de las condiciones físicas, químicas y biológicas de las profundidades.

Biorremediación 3“Nuestro conocimiento de lo que ocurre en las grandes profundidades (entre 500 y mil metros) en ocasiones es escaso porque además tiene una agravante: es de difícil acceso; no es fácil obtener información a esas profundidades”, explicó.
Sin embargo, el especialista destacó que cualquier situación que ocurre en la superficie del océano tiene una consecuencia en el fondo. Por ello, de la superficie se puede obtener un esquema de interpretación o análisis integral del escenario; “que nos diga si es grave o está cambiando, si hay condiciones que reflejen alteraciones severas y si van a permanecer por más de un año, cinco, o tiempos más pronunciados como el ocurrido desafortunadamente en Alaska (24 de marzo de 1989), que tienen permanencia de más de 25 o 30 años”, enfatizó.

Para Soto González, las secuelas causadas por la industria en expansión en muchas partes del mundo son severas, permanentes y con efectos tóxicos sobre los organismos que nosotros a veces consumimos directamente: peces y moluscos.

Biorremediación

Como lo indicó el doctor en Oceanografía Biológica, para contrarrestar el daño en los océanos hay herramientas y estrategias establecidas, producto de disciplinas de reciente creación, que nos hablan de una ecología forense que encuentra el daño y el causante o la fuente del mismo.

“Pero también tendríamos que solucionar el daño. Lo más sencillo es la preservación; evitar que primeramente se expandan las consecuencias de la fuente que uno identifica como un factor perturbador severo. Una vez que cesa el efecto negativo, nos preocupa entonces la respuesta”, dijo el especialista.

Por otra parte está el uso de compuestos químicos que ayudan a degradar el petróleo, por ejemplo, dado que la estructura química de los hidrocarburos fósiles es muy compleja y como tal permanece mucho tiempo en la naturaleza sin ser biodegradado, indicó el experto.

Uno de los casos más típicos en los que se utilizan compuestos químicos es con el chapopote que normalmente se observa en algunas playas, mencionó el doctor; este tiene una permanencia considerablemente prolongada en tiempo, sobre todo cuando se adhiere a superficies como las de rocas.

El doctor Soto González informó que algunos países optan por el uso de detergentes que ayudan de alguna forma a disminuir la permanencia de los chapopotes: los van degradando como elementos químicos hasta que alcanzan un nivel en el que pierden su toxicidad.

Sin embargo, detalló que esta no es una estrategia muy recomendable, porque al introducir un elemento químico que no es natural del sistema se ocasiona también una perturbación. “Tiene solo un efecto estético”, aseguró.

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Biorremediación 1Para el experto, muchos ecólogos recomiendan que el sistema no se toque por varios años hasta que tenga la capacidad de volver a recuperar el equilibrio por sí solo.

No obstante, señaló que el replantar algunos tipos de vegetación que ayuden a recuperar dicho equilibrio es el objetivo de la biorremediación. Hay estrategias de recuperación de pastos marinos o de plantas que están muy cerca de los litorales, y que es muy recomendable utilizar el recurso de replantamiento de flora original si esta se perdió, abundó.

“Tenemos la posibilidad de limpiar el área. Se remueven las arenas y los sedimentos, con herramientas mecánicas, para eliminar los tóxicos que estaban causando problema y, cuando está limpio el sistema, volver a recuperar la vegetación originalmente”, describió.

De acuerdo con la explicación del especialista, los anteriores pueden ser recursos para zonas costeras; en las partes oceánicas es complicada la biorremediación.

“Se habla del sembrado e inoculación de microorganismos; hay unas tecnologías muy innovadoras. Por ejemplo, si existen manchas en espacios oceánicos amplios se puede usar algo así como unas ampolletas de microorganismos que son bacterias degradadoras de petróleo. Si inyecto estas ampolletas en la superficie de los mares, los microorganismos tienen esa capacidad de reproducirse rápidamente, utilizar el hidrocarburo como si fuera un nutrimento, y ayudar a que se disperse en un tiempo razonable”, refirió.

La anterior es una técnica de biorremediación en aguas oceánicas con resultados no tan optimistas en los últimos años, misma que ofrece la oportunidad de ampliar el conocimiento sobre los microorganismos como herramienta, planteó el especialista.
La biorremediación es una rama de la ecología, con 30 años aproximadamente, y cierto grado de éxito, opinó el entrevistado: “A veces no son muy exitosos los ejercicios de reforestación: plantar pastos, manglares, arbolitos que tienen requerimientos nutricionales”.

Entre las desventajas de la biorremediación, añadió, está la impaciencia de la gente, que opta por no esperar tanto tiempo y utilizar herramientas como un bulldozer (máquina para construcción) para remover la arena e impedir que se vea el chapopote; o emplear disolventes químicos.

“Lo que no le gusta a los humanos es ver daño visual, tan objetivo, tan manifiesto en algunas áreas, como lo que lamentablemente se vio en la ciénega de Luisiana (20 de abril de 2010): petróleo, aves marinas manchadas de petróleo, una cosa muy dramática que causó una mortalidad considerable en esos animales que utilizaban dichos sitios como áreas de refugio”, argumentó.

En conclusión, el doctor Luis Arturo Soto González hizo énfasis en que el mejor remedio contra el daño a los océanos es la prevención, el cuidado y la cultura para su preservación. “Todo esto lo tenemos que anticipar antes de que ocurra un accidente de esta naturaleza”, finalizó. Agencia Informativa Conacyt

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