Una pregunta de amor

Yolanda Colina Torres*

Hace unas semanas vino mi hija a casa para darme consuelo; asentadas un poco las emociones, en un momento en que estábamos solas se quedó pensativa, y me hizo una pregunta inquietante ¿Mamá, si te enfermaras qué quieres que haga?, yo me quedé mirando el piso sin decir nada, con las ideas revueltas en la cabeza, entre el no creo, no pienso, no pasa; aún muy conmovida por … (respiro hondo) uff… ¿cómo expresarlo si no quiero?, ¡no quiero recordarlo!

Así me quedé y me quedo en blanco, pasmada, mirando nada, sin aceptarlo, con rabia aún, con opresión en el pecho, sin ver la pantalla ahora, sólo el teclado para poder continuar, porque si lo escrito me lastima también. ¿Cómo decirlo? o no decirlo, no quisiera que sepan, como si al guardar mi dolor no sucediera, aunque he escrito poesías abruptamente, entre lágrimas… ahí he pronunciado algo de lo sucedido, narrando las cosas porque quiero desmenuzarlas para poder entenderlas, no, ¡más bien para estrujarlas! Imaginar que escribo, y luego, como en los tiempos de la máquina de escribir, arrebatarle al rodillo el papel, apretarlo con toda mi fuerza entre las manos una y otra vez hasta hacerlo bola y tirarlo al cesto de basura y así, desaparecerlo para creer que no ha sucedido.

            –Entonces…, volvió a preguntarme mi hija con enorme calidez y amor en sus palabras. Mamá ¿qué hago si te enfermas? Debemos pensar qué hacer. Estamos en medio de una pandemia–, dijo.

Ubicándome en ese punto sigo sin darle una respuesta definida. Es tan brutal la idea; no se trata de que me pueda dar una gripita, o que me lastime un pie, nooo, ¡se trata del covid!, ¡del maldito covid! y la también maldita posibilidad de que nos ocurra como a tanta gente que se ha quedado en casa resguardada como yo y a pesar de eso, “alguien le lleva el regalito”.

Evadí la pregunta. Por supuesto, no tengo respuesta; me mortifica porque debería y no lo tengo claro. Primero, porque soy como la mayoría de las personas que no quieren pensar en que algo malo nos suceda y en segundo lugar porque es muy difícil decidir donde acudir cuando sé que los hospitales en general no han sido de muy buen nivel y muchísimo menos en esta pandemia. Igual que todos, estoy aterrada ante la idea de llegar a alguno de ellos.

            Mi hija insistió suavemente sobre qué decisión debería tomar. Me dijo: Mamá no quiero hacerte sentir peor, pero ya ves lo que pasó, no pudiste intervenir como tú hubieras querido y eso te duele tanto porque podría haber sido de otra manera menos dolorosa. Sé que muchas veces lograste tener éxito por encima de las opiniones de la familia y enfrentaste a los doctores y todo salió bien porque corrías a manejar la situación. Esta vez no se pudo, mamá, lo siento tanto. Hablo de esto porque si algo te pasara yo quisiera saber bien qué debería hacer y quisiera que tú me digas cómo sería mejor para ti.

___ ¡Ay mija!, ¿puedo decir que estoy muy triste y no coordino?, no sé, no sé qué contestar, que mal me estoy viendo ¿verdad? Tienes razón, es muy acertada tu pregunta, debo buscar la respuesta. Siempre he pensado que la institución es lo mejor, que un hospital grande es preferible. ¿Por qué? Porque ahí hay especialistas de casi todo y están siempre, con mejores equipos, recursos y experiencia, con mucho personal, aunque están tan saturados, tan rebasados; los médicos y enfermeras tan llenos de trabajo.  Pero en los hospitales privados, aunque las instalaciones son como de hotel y la atención es personal, los médicos solamente se encuentran cuando pasan visita y si se necesita algo te atenderán hasta que llamen a tu doctor y él pueda ir. ¡Aggg! no quiero ni pensarlo, por un lado, creo es conveniente la institución, aunque también preferiría las ventajas de la atención privada.

Fotografía: Tony Luciani

Así, han pasado ya varias semanas sin que tenga yo muy clara la respuesta. Sigo encerrada evitando contacto humano. Suena a ficción…

He estado analizando la pregunta y decidí escribirle a mi hija para darle una respuesta, una parte de esa carta es lo siguiente:

Hija, no quisiera espantarte, pero a veces hay errores en la práctica médica, por supuesto que hay muchísimos más aciertos, lo grave es que algunos errores matan. Por eso te digo lo siguiente: espero que puedas preguntar, cuestionar, informarte, analizar la situación lo más tranquila posible, recuerda, respira profundo, oxigénate para pensar mejor antes de decidir. Y esto lo debemos pensar para todos, todos vivimos los riesgos, aunque ahora me preguntas a mí. Con que contactes un buen médico, ó médica especialista, como ahora se dice, será suficiente para que te encamine por buen rumbo, pero eso sí, en todo momento estar pendiente de todo lo que indique y si es necesario pedir otras opiniones, hazlo de inmediato. ¡Ah! Se me olvidaba algo esencial, tener todos los datos a la mano, un historial de lo que ha pasado, de lo que han recetado y de lo que se haga. Ojalá que los astros estén en las coordenadas favorables. ¿Y por qué digo esto? Porque los astros no siempre se acomodan a lo que uno desea. Por eso, ahora mi corazón tiene dos heridas sangrando, dos, ya sabes…mi mamá y tu tío.

Pero por encima de lo médico que es primordial, lo que yo más quisiera sería que estés a mi lado y me tomes de la mano, con eso podría llegar al cielo… y bajar para seguir juntas.

P.D Si los astros no se alinean para que estemos físicamente juntas, no te preocupes, ya he sentido tu mano con la pregunta. Te amo.

-o0o-

Producto del Taller de Relato “Tarde de Papel”, que considero ha aportado en época de la pandemia un aliciente a todos sus integrantes, ha dado como resultado diferentes escritos narrativos. Es un placer el presentar los primeros textos de dicho taller al escrutinio de los lectores de este importante medio de difusión digital, en esta ocasión el relato Una pregunta de amor, escrito por Yolanda Colina, quien nos ofrece una reflexión ante la pregunta que le hace su hija en caso de que ella enferme de covid. La pluma de Yolanda es de gran sensibilidad al abrir su intimidad de una manera valiente ante la muerte.

Agradeceré recibir sus comentarios que servirán de retroalimentación a todos nosotros, a través de este medio. Atentamente, Alicia Alarcón.

One Comment;

  1. Veronica said:

    Escrita con el corazón en la mano. Conmueve pero a la vez demuestra fortaleza para enfrentar situaciones difíciles d la vida

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